Descripción

Durante los siglos XVI y XVII, esta edificación desempeñó el papel de hospital capilla, dedicado a acoger a los pobres transeúntes. La atención a estos necesitados corría a cargo de miembros de distintas hermandades presentes en Jarandila. Careciendo de recursos propios, el hospital dependía de la generosidad de la comunidad.

En su interior, albergaba una capilla consagrada a Santa Ana, cuya festividad se celebraba el 26 de julio. Precisamente, esta santa otorgó su nombre a la calle que aún lleva su denominación. Sin embargo, el paso del tiempo no trató amablemente al edificio, llevándolo a un estado de deterioro. En 1853, ante su lamentable condición, se decidió su venta a través de una subasta.

Para llevar a cabo esta subasta, se contó con la tasación de dos peritos expertos, José Campal y Félix Porras, quienes eran hábiles maestros alarifes y carpinteros. El precio de venta adjudicado fue de 1334 reales de vellón, marcando así el triste final de un lugar que había desempeñado una función crucial para la asistencia a los más necesitados en épocas pasadas.