
Convento de Santo Domingo (Franciscanos) / Monasterio de San Francisco
Descripción
El Convento de Santo Domingo, ubicado en las afueras de la villa, se presenta como un lugar histórico lleno de misteriosas ruinas que conforman un bello paisaje. Aunque en su esplendor albergó un monasterio de agustinos recoletos y un colegio en el siglo XVI, hoy solo quedan vestigios de su antigua grandeza.
La iglesia, la parte más reconocible del convento, exhibía una nave única con dos arcos fajones que sostenían una bóveda de crucería. En el interior, se aprecian los restos de los anclajes de la sillería de madera que adornaba este lugar sagrado. Además, el ábside, con su bóveda semicircular, permanece en pie como testimonio de su esplendor pasado.
El retablo dedicado a San Francisco, obra de Diego de Acevedo y los hermanos Jerónimo y Pedro de Córdoba en 1619, dotaba a la iglesia de una destacada pieza artística que congregaba la devoción de los fieles.
El convento también albergaba otras dependencias, cuyos trazados han sido alterados con el tiempo. Sin embargo, aún se conservan algunos muros que permiten vislumbrar sus considerables dimensiones.
El paso de los años afectó al número de religiosos que habitaban el convento, presagiando el declive inminente del lugar. En 1835, ante el estado ruinoso del convento, las autoridades eclesiásticas y el Ayuntamiento decidieron llevarse algunos bienes, incluyendo pinturas y libros, a otras parroquias. El convento sufrió una progresiva decadencia hasta que finalmente fue desamortizado en 1843 y adquirido por un vecino de Guijo de Santa Bárbara.
Hoy, el Convento de Santo Domingo se presenta como un conjunto de ruinas que nos transporta a una época pasada y nos invita a imaginar su antigua grandeza y esplendor.





