
Cementerio de abajo
Descripción
En los albores del siglo XX, la Junta de Sanidad en Jarandilla de la Vera demandaba la construcción de un nuevo cementerio, una situación común en varios municipios extremeños. En 1907, el médico local urgía la necesidad de un nuevo lugar debido al estado deteriorado del cementerio existente y a los prejuicios que provocaba su proximidad a la población.
Luego de considerar varias ubicaciones, se eligió «la Palomina» en las cercanías de la «Dehesa de abajo» como emplazamiento para el nuevo cementerio, abarcando una extensión de una hectárea y media. Este nuevo sitio también albergaría una capilla religiosa, el cementerio civil y un depósito, además de un diseño estético con árboles ornamentales. La gravedad de la situación llevó a la corporación municipal a activar el proceso en 1909.
En 1912, se confió la dirección de los trabajos al ingeniero Rafael Fernández Shaz, luego reemplazado por Santiago Pérez Argemí en 1922. El contratista de las obras fue José Alonso Rodríguez. En junio de 1924, se completaron las obras del nuevo cementerio, obteniendo la aprobación del Gobernador Civil para su apertura a finales del mismo mes. El antiguo cementerio se cerró en esa misma ocasión, aunque los restos mortales existentes en el anterior cementerio no fueron trasladados hasta la década de los años treinta, debido a la vigencia de determinados requerimientos legales.
Finalmente, el 28 de junio de 1924, a las 8:00 de la tarde, se llevó a cabo la inauguración del nuevo cementerio, con la bendición del cura párroco después de obtener el permiso del Obispado. Este nuevo lugar representó un paso importante para la comunidad de Jarandilla de la Vera, proporcionando un entorno adecuado para rendir homenaje a los difuntos y resolviendo los problemas que había acarreado el cementerio anterior.
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